La elección del material para una tetera no es insignificante, aunque su influencia suele ser sutil. No transforma el té, pero puede realzar sutilmente su carácter, suavizando o redondeando ciertas sensaciones.
Por ejemplo, se dice que las teteras de barro, especialmente las ricas en hierro, pueden aportar cierta dulzura al té, suavizando su astringencia y dándole una textura más agradable al paladar. Son matices sutiles, a veces difíciles de percibir sin una comparación directa, pero que contribuyen a la experiencia general.
Sin embargo, lo más importante es la capacidad de ciertos materiales para retener aromas. Las teteras de arcilla sin esmaltar, en particular, tienden a absorber gradualmente los sabores de los tés que contienen. Con el tiempo, desarrollan una especie de memoria que puede enriquecer las infusiones… siempre y cuando se utilicen con regularidad.
Por eso, generalmente se recomienda dedicar una tetera a un solo tipo de té. Usar la misma tetera para tés con perfiles muy diferentes —un sencha delicado, un hojicha tostado o un té aromático— conlleva el riesgo de crear mezclas de aromas menos precisas.
Por el contrario, materiales como la porcelana o el vidrio son más neutros. No alteran el gusto ni retienen ningún rastro del mismo, lo que los hace más versátiles y fáciles de usar a diario.