Las hojas de té son sensibles a su entorno, y ciertos elementos pueden alterar rápidamente su calidad. El aire, la humedad, el calor y la luz son los principales factores a controlar. Al exponerse al aire, las hojas se oxidan gradualmente y pierden su frescura. La humedad puede deteriorarlas aún más rápido, mientras que el calor y la luz aceleran la degradación de sus aromas.
En el día a día, no hace falta buscar soluciones complicadas. Si consumes el té en las dos semanas posteriores a su apertura, basta con guardarlo a temperatura ambiente en un recipiente hermético, protegido de la luz.
El refrigerador puede ser útil para un almacenamiento prolongado, especialmente para el matcha.